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La concretera en el cine y otros estúpidos relatos

Después de 9 años trabajando y viviendo en Madrid hace algunos meses me sucedió algo curioso, un compañero de trabajo, Madrileño de toda la vida, al llegar a la oficina una mañana me preguntó esbozando una leve sonrisa por "el cine y la concretera"...

Resulta que cenando en un restaurán coincidió con un camarero de Cuba, al que le comentó al entablar conversación que tenía un compañero de trabajo cubano, "concretamente"(no he podido evitarlo :) de Pinar de Rio. Aquellas palabras fuero mágicas para aquel individuo que al parecer no paró de congraciarse durante toda la noche a base de dudosos "chistes de pinareños".

Pues bién, al margen de que el comentario de la mañana siguiente no me hizo mucha gracia, al margen de que tiré de mi amplia colección de elaboradas y mordaces respuestas (rescatadas de la hemeroteca para la ocasión), aquí os dejo un interesante artículo que ahonda en la raíz del asunto y sobre todo... os responde a los no nacidos en Cuba la pregunta que ahora mismo os estareis haciendo: ¿de que va esto?

¿Los pinareños son tan tontos como los pintan?


El enlace original (www.cubanet.org) fue encontrado por este mismo compañero de trabajo en la red, quien tuvo la amabilidad de enviármelo por correo esa misma mañana.

LA HABANA, 25 de noviembre de 2004 - Desde hace un buen tiempo a esta fecha se ha desatado en el país, y principalmente en la capital, una fuerte corriente burlesca que tiene como sus principales víctimas a los nacidos en la parte más occidental de la isla, y aunque algunos dicen que esto no es nuevo, resulta notoria la proliferación de tantos relatos donde se argumenta sobre las tonterías más increíbles atribuidas a los occidentales.

En la década de los noventa la voz cantante en este asunto de los chistes regionalistas la llevaban los de la parte oriental del país. La emigración constante de los orientales hacia la capital de todos los cubanos, como se remarca ahora, centraba la atención de los que hacían burla a costa de esa situación delicada. El calificativo de palestinos que se les impuso, levantó muchos disgustos. Las anécdotas referentes a ocupaciones ilícitas de viviendas, invasión de la parentela a partir de uno de los miembros afortunados del clan que lograba afincar las plantas en un piso de la ciudad, las barbacoas y hasta las peores marrullerías cometidas, eran imputadas a los cubanos provenientes de la región oriental.

Ahora los santiagueros, tuneros y otros "eros" han pasado a segundo plano, desplazados por sus compatriotas del extremo oeste. A diferencia de aquéllos, a los de Vuelta Abajo les ha tocado en suerte asumir el papel de ingenuos que rayan en la bobería. Las cosas pudieran quedar en la más pura inocentada a no ser por el tono ofensivo que cada vez va tomando mayor vuelo a través de estas pinceladas de criolla mordacidad. Humoristas de calidad hacen de los pinareños el plato fuerte de sus espectáculos, con el agravante de que para ello recurren a una serie de hirientes adjetivos. Estúpidos, anormales, imbéciles, cornudos y una larga lista de lindezas son empleadas por estos artistas, algunos muy buenos y otros de dudosa calidad, en los teatros, cabarets y lugares públicos. Uno de estos llegó a pedir disculpas a los ultrajados, en caso que estuvieran en presentes en el show o vieran el video que produce para su promoción, pues ellos le estaban ayudando a buscarse el pan.

Lo más triste es que la gente, quizás hasta los propios destinatarios de las ofensas propinadas a manera de pasatiempo, ríen indolentemente y hasta se hacen eco de un sin sentido del que han llegado a formar un estereotipo al afirmar, casi con convencimiento, que los pinareños realmente son anormales y disminuidos en su capacidad intelectual.

¿Cuál es la raíz de esta situación? Según todo parece indicar el motivo de la chanza viene de un hecho tan intrascendente como común en nuestros predios. Al concluir la reparación de un cine en la capital provincial, la brigada encargada del trabajo dejó en el local la concretera con la que estuvieron preparando los materiales, y para sacar dicho equipo tuvo que romperse la puerta que se había montado. Una de las tantas necedades que ocurren a diario en nuestro país -y en otras partes del mundo- provocó que los pobladores de toda la provincia arrastren esta anécdota como grave pecado colectivo.

Sin embargo, ese hecho no es el más desafortunado ni el que más costos ha ocasionado a la economía nacional. En desaciertos peores se ha incurrido y no fueron cometidos precisamente por pinareños. Un edificio proyectado para más de cuarenta plantas y que nunca se construyó, quedando reducido a cinco pisos no terminados correctamente; un cine con la entrada principal dirigida hacia un callejón mientras la pared del fondo mira hacia la avenida; un trasatlántico de coste millonario que sólo dio el viaje de venida para nunca más salir y languidecer durante años acodado a un muelle; una enorme columna de hormigón que jamás se topa con la fachada del edificio al que está adosada, son algunos de los disparates cometidos en otras provincias.

Este 26 de noviembre se celebra el día de la dignidad pinareña. En 1941 el Dr. Tebelio Rodríguez del Haya y un grupo de sus coterráneos fundaron el comité Todo por Pinar del Río en respuesta a la situación existente en la llamada Cenicienta de Cuba. El abandono que en aquellos años sufría la provincia encontró en sus ciudadanos una activa respuesta cívica. Entre todos pusieron manos a la obra para con sus esfuerzos sacar la región adelante. Personas influyentes, adineradas, de clase media, trabajadores y pobres, dieron su aporte en pro de este noble fin.

¿Se justifican estas caracterizaciones denigrantes contra ciudadanos que han dado tanto esfuerzo por su patria chica y por la Casa grande que habitamos todos?

En 1803 los indios que sobrevivían en la zona de Vuelta Abajo asaltaron la iglesia de la Purísima Concepción. Esta acción tardía que demostraba el espíritu rebelde latente en los últimos aborígenes cubanos, no está recogida en nuestros textos de historia, tal vez por intrascendente. Tampoco se habla del gesto de los habitantes de San Juan y Martínez, imitado después por sus vecinos sanluiseños, que en pleno apogeo de la guerra de independencia quemaron sus casas como hicieran los bayameses.

Tranquilino Sandalio Noda, Pedro Pablo Oliva, Julio Banasco, la escritora Guillermina Agüero, hija del General Mambí Agüero Estrada; Willy Chirino, Aldo Martínez Malo, intelectual quien mantuviera encendida durante los años más oscuros la obra de Dulce María Loynaz; Pedro Junco, autor de la inmortal Nosotros; Miguelito Cuní, la voz grande del son; la capitana del ejercito libertador Isabel Rubio, los hermanos Sergio y Luis Saíz, mártires católicos; el eminente cirujano León Cuervo Rubio, el poeta Heberto Padilla, Ramón Grau San Martín, Alicia Rico, la actriz mexicana Carmen Montejo (de nombre María Teresa Sánchez y nacida en San Cristóbal), Enrique Jorrín, Rogelio Blaín, Verónica Lynn, Luis Alberto Ramírez, el malogrado Polo Montañés, Antonio Guiteras, son nombres conocidos por todos los cubanos. Tal vez muchos desconozcan que todos ellos nacieron en diferentes partes de Pinar del Río. ¿Estúpidos, imbéciles, anormales?

El arzobispo de La Habana Jaime Ortega, quien fuera obispo de aquella diócesis antes de ser destinado a su actual sede, manifestó en una ocasión que Pinar del Río es reserva moral de la nación. Razones no le faltan al cardenal cubano para hacer esta valoración. El movimiento cultural y social desarrollado en el extremo occidental de Cuba no sólo es digno de admirar, sino que es ejemplo para todos los cubanos. El otorgamiento de un premio internacional al valor y la compasión, entregado a Dagoberto Valdés, hijo de aquella tierra, es el más reciente lauro obtenido por un compatriota. El movimiento cívico y cultural que hoy se verifica en aquella provincia se hace para el rescate de los valores y la dignidad de todos los cubanos.

La gente de Pinar del Río es una burbuja de oxigeno para este país. Esta expresión se la escuché decir a un visitante extranjero que recién regresaba de conocer las tierras del occidente. Así plasmaba su impresión sobre algo que supo apreciar y que pasa inadvertido para tantos nacidos en la Isla. Y es que en el punto del Caimán antillano que cada atardecer despide al sol en su eterno recorrido, nos está amaneciendo el futuro esperanzador de una nueva Cuba.

Terminos Cuba: